Recuerdo el frío de enero trayéndome la inseguridad de haber vivido equivocada toda la vida, lo descorazonador que era pensar que aquello que amaba no se me daba para nada bien y que debería abandonarlo para dedicarme, tal vez, a ámbitos menos recónditos de estudio; el miedo, los nervios antes de los exámenes que decidirían si debía quedarte, si debía luchar por las lenguas muertas, o rendirme y empezar de cero con mi lengua materna.
Pero los exámenes y febrero decidieron que valgo para esto, que sólo tengo que creérmelo un poco más y ser valiente. Ese mes soplaba con aires de cambio. Su hálito, junto con un mar de lágrimas vertidas en el patio de lo que podía haber sido mi vida, apagó mi ansia de escapar y avivó la llama del amor propio en mi pecho, extinguida por unas alas negras al cobijo de las cuales me creía segura. A la larga,
la pana abriga más y es más duradera que las plumas.
Marzo fue el mes de
El Error, pero me costaría muchos meses darme cuenta de ello. La llegada de la primavera anunciaba que yo nunca más volvería a estar sola porque, aunque entonces nadie lo sabía,
una estrella rubia estaría a mi lado en los peores y en los mejores momentos e incluso en los más comprometidos.
Para abril ye era imposible disimular que
te seguiría hasta el fin del mundo si me lo pidieras, chico de Hispánicas. (Por lo tanto, fue el momento de confesárselo a Enrique, mi fiel Enrique.) La celebración del aniversario de los HL Locales con todos mis amigos, en colaboración con HL Valladolid, y todo el amor y confianza que han depositado siempre en mí son cosas que jamás olvidaré. (Tampoco olvidaré el pijama de vaquita de Chispi.) Ni la primera vez que le vi en el mundo exterior, sentado en ese banco de piedra.
¿Llevas aquí mucho? ¿Qué tal las vacaciones?Los epigramas de Marcial y tu sonrisa me hicieron recuperar la fe perdida en
mi yo latinista a principios del mes de mayo. Fue, creo, la última comida con Salvi en el Ginos. Fue también la primera vez en casa de Sarha.
Tú lo que tienes que hacer es ir a ese chico y decirle: "¿Tú follas?", fue el primero de muchos consejos que mi estrella rubia me ha dado desde entonces. Fue el mes de la revolución y allí estábamos nosotros en Sol. Y la primera vez que ejercí mi derecho de voto y la primera vez que unos resultados electorales me dolieron tanto como si me atravesaran puñales. También fue el momento desconcertante en el que decidí confiarle a Nené mi secreto más profundo y a ella se le iluminó la cara de alegría y decidió que pondría todo su empeño en ayudarme en esta relación, y desde entonces
nunca me ha fallado.
Las quinientas mil palabras del
corpus de Lingüística marcaron negativamente el inicio de mi mes de junio, haciendo que por primera vez en mi vida tuviera que dejarme alguna asignatura para septiembre. Pero aún así,
no pudieron conmigo y mi mes de junio tuvo mucha más chicha memorable, como mi primera matrícula de honor universitaria (¡gracias a las nuevas tecnologías!) y su recompensa. Junio y el sol del Ática, la arena de Sunio, el bullicio de la Acrópolis y los oráculos de Delfos perdidos en el viento porque Kike no vino conmigo para interpretarlos. Y todavía hubo más: llorar con
Kung Fu Panda 2, encontrarnos a la Fuentes el día del cumpleaños de Kike, escribir su tarjeta tiradas en el suelo del Metro...
No, al lado del banco estoy yo. ¿Qué llevas puesto?Se suponía que todo acabaría en julio, pero os aseguro que aquí seguimos todos, a pie de cañón; puede que no haya más películas de
Harry Potter, pero
nos tenemos los unos a los otros y eso jamás nos faltará. Un fin de semana para recordar, sin duda. Para agradecérselo eternamente a todos los que estuvieron allí, para echar de menos a los que no estuvieron y para plantearme que hubo gente que estuvo que tal vez no debiera estar más. Descubrir que
sólo quiero que él esté bien, que viva feliz y en paz, sin que ningún loco le moleste ni le persiga ni le saque fotos por el simple hecho de que yo esté enamorada de él. Comprender que es amor. Hubo más cosas en julio: mañanas en el vicerrectorado que parieron la idea inicial de mi futuro hijo Tomo y la
Prima Feria Palliata con Antonio, donde las berenjenas pudieron con nosotros.
Con la zeta, ascazo.Agosto y el que probablemente fuera mi último Campus Potter. Agosto y mi primer hipnótico.
Agosto y no querer verte más. Agosto y Asturias. Agosto y tener que estudiar Lingüística. La soledad, el echar de menos a mis pequeños filólogos. La desesperación de no entender los apuntes de Horcajada y el disfrute de leer a Yule. Los tediosos paseos de buena mañana por la playa. Pottermore y ser más Ravenclaw que nunca y hacer pociones y descubrir que Minerva McGonagall es todo un ejemplo a seguir.
Las mañanas de septiembre en la calusora biblioteca de Clásicas preparando el examen de Lingüística, las bromas privadas en boli negro, Fonseca que no se lo creía. Esas Coca-colas que aún le debo y que siempre me perdona. Septiembre y Maldita Nerea, Isra,
unas gotitas ahí de amor del bueno. Sentir unos ojos clavados en mi espalda. La inseguridad, el miedo de no saber, el miedo por él, por ellos. El apoyo incondicional de todo el mundo y saber que Chispi tiene muy claro
en qué congelador buscarme si desaparezco. Otra vez 28 de septiembre, otra vez inolvidable. Corrida de pitufo. Señor Juanfra, si me está leyendo, me debe usted una. Y empezar las clases de nuevo, con ilusión, con ganas, sin Salvi.
Octubre demostró al mundo entero, a mí incluida, que soy más valiente de lo que ninguno de los dos había creído hasta el momento en el que vomité mis sentimientos y aguanté mis lágrimas hasta estar subida en ese autobús mientras una
paloma blanca revoloteaba por todo mi cuerpo. Una de las mejores noches que este 2011 me ha regalado, acariciando la Castellana de punta a punta al cobijo de la noche sin luces de Navidad. Compartir con Chispi mi día a día en la universidad, enseñarle mis lugares favoritos y mis personas favoritas. Hacer el friki y el mamarracho y pasar miedo, mucho miedo, en
Sleepy Hills. Ser una romana muerta violada en c. 509 a.C., que Lechu me rasgara el vestido.
¿Tengo pinta de violada? Dejarme engañar por la pinta de panoli del personaje de Kike y que éste profanara mi cadáver.
Echarle huevos por primera vez en dos años el pasado noviembre y hacer una llamada teléfonica que me devolvería la ilusión. Hablar durante horas,
reír como hacía años que no reía, echarte de menos sabiendo que tú también me echabas de menos, quedar, hacer una locura, decidir irme a verte sin más... Nunca me han brillado más los ojos desde que dejamos de hablar, ¿sabes? Llorar de emoción cuando la familia de Antonio me invitó a pasar el día con ellos y a ir a escuchar
Carmina Burana y ver un partido de fútbol sin enterarme de nada y ser considerada amuleto deportivo desde entonces por su hermano.
Diciembre de dejar de ser MartaBlack. Diciembre de faringitis, anginas y gripazos considerables. Diciembre de Heródoto y de enseñarle a Antonio cuál es el mundo que le espera.
¿Deberíamos considerar a Alfonso X parte de la literatura española? La agradable temperatura del diciembre gaditano, comiendo pescaíto frito junto al mar y llorando hasta las cuatro de la mañana porque Salvi tuvo que decirme
Sabes que no va a llamar, ¿verdad? Diciembre de que aquello dejara de importar. Diciembre de ángeles. Diciembre tras diciembre. Luces, árboles, regalos, familia y gripe. Amigos.